A partir del año 1870 comenzó en Bilbao el auge de la explotación minera y el proceso de industrialización, haciéndose más evidente en las zonas de Bilbao la Vieja y San Francisco. Varias farmacias abrieron ahí sus puertas.
La farmacia de Manuel Unceta y Urrengoechea, abuelo de uno de los actuales titulares, fue fundada el 2 de agosto de 1881 en el número 51 de la calle San Francisco. Se iniciaba así la historia de un establecimiento que ha permanecido casi hasta nuestros días en manos de la misma familia, abuelo, padre e hijo con el mismo nombre. El 9 de diciembre del 2004 se trasladaron a Miribilla, concretamente al número 24 de la calle Jardines de Gernika.
Unceta fue una de las farmacias más famosas y concurridas de la calle San Francisco, y llegó a tener hasta 7 empleados. Tiene un amplio historial de tertulias y reuniones, con clientes de la envergadura de Indalecio Prieto o el doctor Areilza, además de toreros, músicos, actores y todo tipo de artistas.
Anejo a la farmacia se montó un laboratorio en el que se hacían prácticamente todos los esterilizados que se usaban en las clínicas de Bilbao, junto a jarabes reconstituyentes y cápsulas para la solitaria.
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A partir del año 1870 comenzó en Bilbao el auge de la explotación minera y el proceso de industrialización, haciéndose más evidente en las zonas de Bilbao la Vieja y San Francisco. Varias farmacias abrieron ahí sus puertas. La farmacia de Manuel Unceta y Urrengoechea, abuelo de uno de los actuales titulares, fue fundada el 2 de agosto de 1881 en el número 51 de la calle San Francisco. Se iniciaba así la historia de un establecimiento que ha permanecido casi hasta nuestros días en manos de la misma familia, abuelo, padre e hijo con el mismo nombre. El 9 de diciembre del 2004 se trasladaron a Miribilla, concretamente al número 24 de la calle Jardines de Gernika. Unceta fue una de las farmacias más famosas y concurridas de la calle San Francisco, y llegó a tener hasta 7 empleados. Tiene un amplio historial de tertulias y reuniones, con clientes de la envergadura de Indalecio Prieto o el doctor Areilza, además de toreros, músicos, actores y todo tipo de artistas. Anejo a la farmacia se montó un laboratorio en el que se hacían prácticamente todos los esterilizados que se usaban en las clínicas de Bilbao, junto a jarabes reconstituyentes y cápsulas para la solitaria.